LADRILLOS, BALDOSAS Y AZULEJOS


MÁS SOBRE LADRILLOS, BALDOSAS Y AZULEJOS EN LA DECORACIÓN:

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MATERIALES: Madera - Piedra - Vidrio - Metal - Ladrillos, Baldosas y Azulejos -
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LADRILLOS, AZULEJOS Y BALDOSAS COMO MATERIALES PARA DECORACIÓN INTERIOR:

- El ladrillo procede de la tierra, un origen que comparte con muchos tipos de loseta rígida. Sin embargo, no acaban ahí las coincidencias. Fabricados en un tamaño fácilmente manejable, los ladrillos y las baldosas comparten tanto el formato como la composición y los métodos de fabricación. Los diseños rítmicos que se consiguen con estos materiales resultan alegres y rebosan de carácter doméstico. Incluso cuando se fabrican en cadena, conservan ese inconfundible aire artesano que tanto les caracteriza. Todos los productos realizados con terracota (literalmente, "tierra cocida") poseen una atractiva simplicidad, una esencia elemental y robusta que resulta igual de adecuada para ambientes rústicos y contemporáneos. Las losetas cerámicas modernas, por su parte, presentan una sencillez de nítidas lineas.

El ladrillo cuenta con la distinción de ser el material de construcción más antiguo fabricado por el hombre. Los primeros ladrillos (poco más que arcilla mezclada con paja y secada al sol) se fabricaron en Oriente Medio hace más de seis mil años, y se utilizó un método primitivo que todavía pervive en las cabañas de adobe de África y el centro y sur de América. Las baldosas de terracota, como el ladrillo, poseen unos origenes similares. Hasta que la industrialización trajo consgo la estandarización, ambos eran productos estrictamente autóctonos que se fabricaban alli donde se disponía de arcilla (por ejemplo, en zonas próximas a ríos o en las llanuras aluviales). En función del lugar de procedencia, los diferentes sedimentos de arcilla producían variaciones de color y textura. Al fabricarse con los mismos ingredientes, cocerse de igual modo y a menudo por los mismos artesanos, los primeros n ladrillos y baldosas mostraban mayores similitudes entre si que los actuales. Los ladrillos medievales, por ejemplo, eran mucho más finos que las versiones modernas.

El ladrillo siempre ha sido un material de construcción muy apreciado en zonas del norte de Europa, sobre todo en los Países Bajos, Alemania y Gran Bretaña, donde se utilizaba no sólo en los edificios domésticos normales, como las sobrias casas de los mercaderes de Amsterdam. Leiden y Utrecht o las adosadas de no pocas ciudades inglesas, sino también en hermosos palacios y castillos, como Hampton Court y Kew (Inglaterra), con sus elaboradas y retorcidas chimeneas. Los colonos ingleses y holandeses se llevaron con ellos a tierras americanas sus métodos de fabricación de ladrillos, de ahi que numerosas ciudades norteamericanas fundadas antes de la independencia cuenten con inansiones coloniales de ladrillo. Una de las más bonitas es Monticello, la mansión de Thomas Jefferson en Virginia. De forma similar, las tradiciones británicas del ladrillo se exportaron a Australia, aunque allí se empleó sobre todo como revestimiento para estructuras de madera con el fin de dotar a los edificios de un aspecto ampuloso.

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- Los enladrillados multicolores, o policromáticos, propios de la arquitectura neogótica del siglo xix supusieron otro desarrollo estilisti europeo que se extendió por todo el mundo. Los adornados y multicolores edificios públicos, como estaciones de ferrocarril, iglesi bibliotecas y ayuntamientos, construidos con ladrillos, siguen siendo un motivo de orgullo cívico en un gran número de ciudades europeas.

En la actualidad, el ladrillo es un material muy presente en el ámbito doméstico. Transmite las ideas de tradición y convención, no de modernidad Con todo, a lo largo del siglo xx, diseñadores y arquitectos de renombre han demostrado de forma convincente que el ladrillo es capaz de asumir un papel más contemporáneo. Frank Lloyd Wnght mostró un interés especial por la construcción en ladrillo, como lo demuestra la casa Robie. Chicago, donde las hiladas de ladrillos finos realzan las lineas horizontales de la fachada. Diseñadores escandinavos como Alvar Aalto también han empleado el ladrillo para expresar los ideales del Movimiento Moderno, como por ejemplo en el Centro Cívico de Saynatsalo, Finlandia, en 1950. Los suelos y las paredes de ladrillo expuesto con su color cálido y su sugerente textura, proporcionan un fondo ideal para los interiores de lineas limpias y los muebles minimalistas al introducir un acogedor aire de comodidad y domesticidad.

Los romanos emplearon con abundancia las baldosas de terracota para los suelos, pero la técnica, al igual que la de la fabricación de ladrillos, quedó en una especie de estado latente hasta el siglo xm, cuando se reintrodujo en la península Ibérica de la mano de los árabes. Desde aquí, la fabricación de baldosas se extendió al norte de Europa y, más :arde. a las colonias españolas del centro y sur de América, lo que explica que hayan pervivido numerosas tradiciones de fabricación de baldosas. El formato típico de las baldosas de terracota hechas a mano era un cuadrado de 25 cm. Con la industrialización, las opciones uniformes, como las baldosas sin vitrificar, sustituyeron a las versiones de terracota fabricadas a mano. Sólo en época muy reciente, con el renovado interés hacia las formas de decoración naturales y auténticas, se ha recuperado la fabricación artesanal, hecho que explica que los ejemplos originales antiguos cada vez tengan más demanda.

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Mientras que las baldosas de terracota se limitan casi exclusivamente a la pavimentación de suelos, las vidriadas ofrecen un potencial mucho mayor, así como una estupenda variedad de colores, estilos y diseños. Las baldosas de cerámicas de barro cocido datan de la Babilonia del siglo IX a. C. Esta técnica se empleó en todo Oriente Próximo y en el norte de África durante muchos siglos, hasta que en el siglo xv llegó a España, donde se eirplearon para crear deslumbrantes diseños geométricos en los suelas y las paredes de los palacios reales y las mezquitas (muchos de esos diseños consistían en dibujos abstractos de estrellas y cruces, siguiendo el mandato islámico que prohibe la decoración y el arte figurativo en los edificios religiosos).
Otra tradición que siguió idéntico camino en Europa occidental fue la del barro cocido con barniz al estaño. Esta técnica también se urigino t¡ti Oriente Medio, probablemente en un intento por superar la blancura de la porcelana china. Después de cocida, la baldosa se cubría con un barniz blanco y se decoraba con pigmentos antes de cocerla de nuevo para lograr una superficie brillante.
La mayólica italiana fue una versión europea de esta técnica, aunque la más conocida es, sin duda, la porcelana de Delft, con sus diseños azules y blancos de inspiración oriental; se fabricaba en los Países Bajos y se exportó a todo el mundo a partir del siglo XVII. Las baldosas, al igual que los ladrillos, se asociaron con el espacio doméstico. Los suelos y las paredes emoaldosados resultaban frescos y fáciles de limpiar. En granjas lecheras y destilerías, contribuían a mantener la temperatura fresca esencial para conservar los productos en buen estado.
El renovado interés por los métodos tradicionales de vidriado y por las baldosas cerámicas se remonta a la segunda mitad del siglo XIX. Tanto las baldosas hidráulicas medievales (hoy fabricadas a mano) como las baldosas pintadas a mano formaron parte de los estilos decorativos de los movimientos Estético y Arts and Crafts. y más tarde del art nouveau; algunos fabricantes destacados, como William de Morgan, elevaron la fabricación a la categoría de arte. La influencia árabe era evidente: Leighton House, en Londres, constituye un notable ejemplo de embaldosado exótico de esa época. Las baldosas seguían utilizándose como acabado para suelos, sobre todo en cocinas y vestíbulos, pero cada vez se consideraban más como adornos decorativos.
Los entornos de chimenea de hierro colado, por ejemplo, presentaban a menudo bordes decorativos de azulejos. A finales del siglo XX, las baldosas se valoraban sobre todo por sus ventajas prácticas. En las regiones cálidas y en las zonas con una fuerte tradición baldosera, los suelos y las paredes de baldosas y azulejos son una constante. En las zonas de clima más moderado, sin embargo, las cocinas (y en especial los cuartos de baño) solían ser las únicas estancias embaldosadas, bien en parte o bien en su totalidad, y no tanto con fines decorativos como por la facilidad de mantenimiento y la impermeabilidad del material.

Las baldosas cerámicas modernas, con su acabado uniforme y bastante neutro (las baratas), no han hecho sino reforzar esta imagen. Este enfoque utilitarista contrasta con el creciente interés por las baldosas tradicionales fabricadas a mano, y con la revalorización de su efecto lustroso. La baldosa más pequeña, el mosaico, también ha experimentado un importante resurgir y es un complemento de los accesorios contemporáneos.

Ladrillo pegaso en vuelo

Los ladrillos y las baldosas varían de forma considerable en cuanto a resistencia, de ahí que sean adecuados para aplicaciones muy diversas. En el caso de los productos cerámicos, incluida a terracota, la solidez depende de la densidad de la arcilla, el tipo de vidriado (si existe) y el grado de coccion. Sólo determinados tipos de ladrillos y baldosas se pueden emplear al aire libre, mientras que algunos vidriados son más vulnerables a las manchas. Desde el punto de vista técnico, el ladrillo y todos los tipos de baldosas son productos "cerámicos", es decir, fabricados con tierra cocida a altas temperaturas. Las - baldosas cerámicas-, sin embargo, son aquellas variedades muy procssadas y fabricadas a partir de arcilla refinada. Los ladrillos y las baldosas de terracota no son buenos conductores de calor, lo que significa que se calientan más lentamente y retienen el calor más tiempo que otros materiales. Las losas de terracota deben sellarse antes de su uso. Las baldosas sin vitrificar y las cerámicas, por otro lado, dan lugar a superficies mucho más frias, más duras y menos porosas.


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Elaborada por Bricopage e iniciada en Marzo de 2003