Es aconsejable y necesario revisar a nuestro gato regularmente para comprobar su estado Sanitario y, ante cualquier síntoma, consultar con el veterinario. El examen se iniciará observando el aspecto general del pelaje: ¿está bonito y brillante o, por el contrario, presenta un aspecto triste y sin brillo?. En las razas de pelo corto, un pelaje erizado es síntoma de algún problema de salud.
A continuación nos detendremos en los ojos, otro indicador importante de la salud del animal. El ojo no debe estar apagado, turbio, excesivamente amarillento, ni presentar derrames.
Más tarde, procederemos a verificar que el gato no tiene mal aliento y que la mucosa bucal no presenta una coloración amarillenta.
Por último, examinaremos las orejas con el fin de descubrir cualquier signo de inflamación. Las orejas han de estar perfectamente limpias, sin exceso de cerumen, posible síntoma de la presencia de ácaros.
Pasaremos después a examinar las garras, comprobando que no están dañadas y que no se incrustan en la carne.
El aspecto del ano es también muy significativo: un ano rojo e irritado puede indicar la presencia de parásitos internos.
También comprobaremos el color y la concentración de la orina y de las heces.
Mediremos además a intervalos regulares, en la medida de lo posible, la respiración, el pulso y la temperatura del animal en reposo; cualquier irregularidad en estos valores puede indicar trastornos de salud. Un gato sano respira aproximadamente treinta veces por minuto, tiene de cien a ciento cuarenta pulsaciones por minuto y su temperatura oscila entre 38,5 y 39 °C. La mayor parte de las enfermedades se manifiestan ante todo por una modificación de la temperatura; cualquier descenso o elevación que sobrepase los límites habituales traduce la presencia de una infección. La temperatura del gato se toma introduciéndole un termómetro en el ano.
Existen otros síntomas de enfermedad: el tomar un exceso de líquidos, los vómitos, la salivación excesiva, la falta de apetito, la hinchazón del vientre, la diarrea, el estreñimiento, la presencia de sangre en la orina, el mal aliento o el lagrimeo abundante, entre otros.
Finalmente, y si de verdad quiere a su gato, no debe dejarlo libre a su antojo, pues los coches son un peligro constante. Proporciónele un casa acogedora y todo lo necesario para que su vida sea larga y sana. |
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