| DESCRIPCIÓN | El gato turco no constituye una raza artificial. Se trata, simplemente, del representante algo mejorado de los gatos domésticos criados en el sudeste de Turquía, en la región del lago Van. Por este motivo a veces se le denomina gato van, si bien este nombre no es oficial.
Los gatos de Turquía son animales robustos de cuerpo largo, sostenido sobre patas bastante altas. La Cabeza es corta pero fina; la nariz larga, con un stop apenas marcado o a veces ausente. Las orejas grandes y velludas están implantadas en la cabeza muy cerca una de otra, lo cual hace que el gato turco se parezca al antiguo tipo de angora, muy difundido antaño. Su pelo de guarda es fino y suele medir entre diez y quince centímetros. Carece por completo de pelo bajo, rasgo que realza la finura del cuerpo. El manto es de un blanco resplandeciente, con excepción del motivo van, es decir, las manchas rojizas O crema que ornan la frente alrededor de las orejas y la cola, muy poblada, en la que aparecen, además, anillos oscuros. Los ojos son color naranja.
Al gato turco le gusta el agua. Se baña de buen grado, nada o pesca peces.
Los gatitos nacen bien desarrollados, con una capa coloreada, y abren los ojos ya al cuarto día. Son tremendamente limpios desde la tercera semana y puede criárlos sin problemas en un piso. Hay que acostumbrarlos a la presencia humana al poco de nacer y su amo debe mimarlos y mantenerse en contacto constante con ellos, pues de lo contrario corren el riesgo de tornarse salvajes y poco cariñosos.
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