| DESCRIPCIÓN: | Contrariamente a lo que algunos piensan, el color de un gato blanco no tiene nada que ver con el albinismo. Se trata de una auténtica coloración, determinada por un gen dominante, y de ningún modo de una ausencia de color. Esto no impide, por otra parte, la aparición esporádica de ejemplares albinos, reconocibles por sus ojos rojizos, sin pigmentación, que dejan traslucir la sangre roja de los capilares de la retina.
Ante todo, un persa blanco debe tener un manto inmaculado. Una mancha entre oscura y negra, de forma y tamaño variables, aparece con frecuencia en la frente de los gatitos de color blanco puro; esta mancha desaparece en la edad adulta. Los blancos fueron los primeros persas.
Según el color de los ojos, se distinguen tres grupos que son objeto de una clasificación independiente: el blanco de ojos naranjas, el blanco de ojos azules y el blanco de ojos dispares, con un ojo azul y el otro naranja.
No obstante, los animales de ojos azules siguen siendo los más raros, pues el color naranja se hereda más fácilmente. Este color azul debe ser muy intenso, para evitar toda confusión con el azul claro de los semialbinos. La característica «ojos azu|es» a menudo va acompañada de una sordera más o menos total: en efecto, el gen que determina el color azul puede vincularse con otro gen que causa modificaciones patológicas en el oído interno.
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